En diciembre de 1992, nació mi primer y único varoncito. El niño con la sonrisa mas bella que yo hubiera imaginado jamas. Con unos ojitos hermosos y vivaces, tan expresivos que casi me decían "mami, quiero un abracito".

Ese pequeño angel, llegó a mi vida en un mar de confusiones y con mas conflictos que alegrías. LLegó en una etapa, un tanto depresiva e inadecuada pero, el estaba ahí: inocente, demandante de amor y ternura, rebosante de sonrisas y pequeños gestos de dulzura. Era todo lo que una madre hubiera soñado, un varoncito muy sano.

Pero mi falta de maduréz no me permitieron disfrutar a plenitud de ese momento y de la primera etapa de la infancia de mi hijo. Me frustré, me sentía cada vez mas sumergida en un laberinto de responsabilidades e intentaba escapar de todo eso. Pero al único que afecté, fué a mi pequeño bebé, a quien amaba profundamente pero, no lo demostré como debí.

Inmediatamente a los quince días de su nacimiento, regresé a trabajar y me ocupé mucho en otras actividades. Mi madre y una empleada, cuidaban de mis hijos casi las 24 horas. TERRIBLE ERROR.

Recuerdo que, alguna vez encontré a mi hija junto con mi bebé, jugando. Mi hija sentada y mi pequeño hijo acostadito por que aun no se sentaba. Pero, ambos alzaron sus ojitos y me miraron con ojos de "Te necesito mami" y no supe traducir el mensaje, hasta años después. Es tan triste dejar pasar esos maravillosos momentos y dejar esa honda huella de ABANDONO en nuestros hijos. No es justo para ellos.

También recuerdo que, al llegar del trabajo, uno de tantos días; mi madre me contó a manera de informe, que mi hijo se había caido mientras dormía y que ellas (mi madre y la empleada) lo habían auxiliado a tiempo pero, que se golpeó la cabecita. Y yo estaba tan cansada que, solo me sorprendió pero, no pasó mayor cosa. Ahora, que puedo ver hacia atrás y pienso en como reaccionaría en este momento, hubiero corrido a su cunita a revisar si estaba bien. Pero, nada se puede hacer cuando lo que debimos hacer hace tiempo ya lo hemos dejado de hacer. No hay vuelta a atrás.

Y así, muchas desatenciones que vivió mi muchachito en sus primeros días, meses y años de vida. Mis desconcentración, mi inexperiencia, mi inmaduréz y mi falta de preparación y consejos, me llevaron a pasar de ser una madre dedicada en la primera experiencia a ser una absoluta irresponsable. Y sé que este tipo de comportamiento, es mas común de lo que pensamos. Sobre todo en madre jóvenes que no cuentan con la orientación necesaria.

Por que, el ser una Buena Madre no consiste únicamente en cuidar el embarazo como si fuese el mayor tesoro que tenemos si no, continuar con esa dedicación y devoción después que nuestro bebe llega al mundo. Es entonces cuando ellos nos necesitan mas que nunca por que están a merced de todo y solo cuentan con su madre para que los proteja. Jamás, una abuela, un abuelo, la tía, la hermana mayor o una empleada, van a cuidar a tu hijo o hija con el amor que tu lo harías. El bebé lo siente y lo percibe, y deja un registro en su mente de lo bueno y lo malo que le sucedió durante sus primeros cuatro años de vida. Y esto, lo marca para siempre y es parte FUNDAMENTAL de su comportamiento a futuro. NUNCA OLVIDES ESO!