Mas niña que mujer, mas ilusionada que preparada, con mas instinto que madurez, tuve a mi primer hija en un hospital comunitario en donde me atendieron de una manera muy generosa y con la paciencia que se le debe tener a una primeriza como lo era yo en ese momento.
Pero, gracias a Dios, mis labores de parto fueron bastante normales y dentro de lo que cabe, soportables. Recordaba en mi mente, que mi madre alguna vez me había dicho que, a las chicas que gritan mucho o que se quejan exageradamente, no las atienden bien por que sofocan a los doctores y causan falsas alarmas con sus alaridos. Por eso, yo hice mi mayor esfuerzo por no gritar y soportar cada contracción lo mas valiente posible y solo pujaba, cada vez mas fuerte pero, solo eran gemidos sin llegar a los gritos. Eso me valió el reconocimiento de los doctores y enfermeras para que evaluaran pacientemente mi estado y por lo tanto, me atendieran bien.
En fin, no fué muy largo, creo que no pasé de cinco horas de labor de parto cuando me llevaron al quirófano, completamente NUEVO para mi. Nunca en la vida había estado en uno y aunque no presté mayor atención a esa sala, recuerdo levemente las luces y los aparatos que habían a mi alrededor pero, nada mas. Yo estaba muy concentrada en hacer lo que se suponía debía hacer, mucha fuerza hacia afuera como empujando. Esa parte si fué estenuante y por demás, desesperante. Sentía mi corazón latiendo a su máximo poder, mis fuerzas me abandonaban y mi pequeño bebé (que para entonces no sabía si era niño o niña) no llegaba. Por fin, el doctor dijo: "Ya casi está coronando..." no supe que era eso y estuve a punto de sufrir un desmayo debido al cansancio. Pero el doctor me miró muy seriamente a la cara y me habló con voz muy potente: "No desista ahora, siga pujando por que de ellos depende la vida de su hijo". Me preocupé terriblemente y tomé una buena bocanada de aire y saqué mis últimas fuerzas para empujar por última vez. Y sentí ese anhelado desahogo en mi vientre, un desvanecimiento corporal, un alivio mental y tantas cosas mas, y ahi estaba, mi primera hija. El doctor dijo: "Es una niña y se ve muy sana". Creo que, como toda madre, me rodaron un par de lágrimas al verla. Fué maravilloso y no cambiaría ese momento de mi vida por nada en este mundo.
En poco tiempo, la tuve en mis brazos y la alimenté con leche materna. Nunca he podido olvidar ese olor característico de un bebé recien nacido. Es algo raro y complejo por que, no es que huela bien pero, es algo que se queda grabado en la mente debido al suceso mas hermoso en la vida de una mujer. Nunca lo olvidaré.
Sexy Calendario "Diosas Doradas 2010"
Hace 3 semanas





0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada